El Correo Gallego – 30/08
30/08/2011 Deixe um comentário
La rentrée más amarga para los portugueses
Por Begoña Iñiguez
LAS vacaciones estivales llegan a su fin. De vuelta a la rutina y a Lisboa el panorama no puede ser más desolador al otro lado del Miño, con los duros ajustes que entrarán en vigor a partir de octubre. En agosto los portugueses se han refugiado en las fabulosas playas del Algarve o de la Costa Alentejana haciendo oídos sordos a la crisis, y a las llamadas de atención del Gobierno del conservador Passos Coelho pidiendo contención y ahorro ante los duros meses que se avecinan. En mi barrio, uno de los más comerciales de la capital portuguesa, las tiendas, cafés y restaurantes no han dudado en cerrar por vacaciones durante un mes como si nada ocurriera.
Si alguno de ustedes se ha escapado a Portugal en julio o en agosto no habrá descubierto ni rastro del país que tuvo que ser rescatado hace tan solo unos meses. Los chiringuitos, restaurantes, cafés, cámpines y hoteles de norte a sur del país han estado llenos a rebosar, sobre todo en el Algarve, en la Costa Vicentina y en Lisboa. A falta de datos definitivos, los hosteleros lusos se muestran muy satisfechos con el desarrollo de esta campaña de verano.
Durante mi retiro veraniego en Galicia, amigos y familiares me preguntaban ¿dónde está la crisis en Portugal? Mi respuesta ha sido siempre la misma: hay que profundizar, ir a los supermercados y ver lo que se compra, pasear por los barrios menos turísticos, acercarse a hospitales y ambulatorios, llenos a rebosar, con falta de personal. Además de preguntar a la gente cuánto ganan, lo que pagan de impuestos y lo que van a pagar.
Al 23% de IVA que ya se aplica a los productos de consumo, que no son de primera necesidad, a los servicios prestados por los trabajadores independientes y a las facturas telefónicas, por ejemplo, habrá que sumar a partir del 1 de octubre las facturas del gas y de la electricidad y algunos productos que hasta el momento tenían el IVA entre el 6 y el 13%. Imaginen lo que va a suponer mensualmente para cualquier familia lusa este incremento. Además, en diciembre gran número de trabajadores y pensionistas tendrán un recorte, entre el 50% y el 15%, en su paga extraordinaria de navidad.
Si seguimos profundizando veremos que este verano los bonos de transporte urbano e interurbano, que utilizan la mayor parte de los trabajadores para desplazarse a sus empleos, han vuelto a subir, la liga de bomberos portugueses ha amenazado con cerrar varias corporaciones locales si el ministerio de Sanidad no les paga los servicios que les debe por transportar a enfermos a hospitales, muchas escuelas públicas lusas no tienen, a estas alturas, plazas suficientes para los alumnos, ante el desmesurado número de estudiantes de Primaria y Secundaria, procedentes de los privados, que lo han solicitado.
Las cuentas no le salen a las familias de clase media que han vuelto a matricular a sus hijos en las escuelas del Estado porque no pueden pagar las carísimas matrículas de los colegios privados. Les recuerdo que en Portugal no existen los colegios subvencionados por el estado como en España. Lo mismo está ocurriendo con los libros y las comidas escolares. Varios centros han pedido a alumnos de años anteriores sus libros para dárselos a los que no los pueden comprar. Y cada vez más, en los colegios privados, los estudiantes llevan su comida de casa para no tener que pagar el comedor.
Estas vacaciones, como cada verano, han sido un mero espejismo en el país vecino. Lo peor llega ahora con las cuentas echando humo, deudas y facturas urgentes que pagar y con la dura realidad a la puerta de casa. ¿Serán capaces nuestros vecinos de cambiar de hábitos y apretarse el cinturón con los nuevos sacrificios impuestos por el rescate? Es lo que pretende el ejecutivo de Passos Coelho, y lo que les asegurará dentro de unos días a Zapatero, Merkel y Sarkozy, en Madrid, Berlín y París.
Periodista